Inesperada derrota del Numancia por 1-2 ante un combatiente Rayo Majadahonda.

Se combinaban una mañana de domingo con un, a priori, buen partido de fútbol para formar el plan perfecto para rematar el fin de semana. No fue así. La primera, más propia del clima británico que del continental soriano dejó una pobre entrada en el Nuevo Estadio; el segundo, más de lo mismo. Mucha tensión pero poco juego.

Mandaba el cuadro local, intentando dominar el juego con la pelota en los pies y poblando el medio del campo, aunque sin la profundidad necesaria como para hacer temblar la portería custodiada por Basilio. Enfrente, un aguerrido Rayo Majadahonda que intentaba, sin mucho éxito, buscar su oportunidad al contraataque atacando, a través de Enzo y de sus dos puntas, los espacios generados por la defensa adelantada que proponían los discípulos de López Garai.

Y así llegó la primera. Desplazamiento en largo del primogénito de los Zidane para que el carrilero diestro Benito Ramírez, a la espalda del ayer capitán del Numancia Luis Valcarce, pisara área y, en una de esas que enseñan en infantiles, en una de esas de jugador pícaro y avispado, Benito se cruzó por delante de un Valcarce que le tocó lo suficiente como para derribarlo. Penalti absurdo. Pero penalti claro.

Isaac Carcelén fue el encargado de ejecutar, fuerte y al medio, la pena máxima. 0-1 para los majariegos. Minuto 18. Un nuevo partido había empezado.

El Numancia despertó, se quitó las legañas y comenzó a hacer lo que mejor sabe. A través de la posesión del esférico y de una muralla defensiva comandada por un ‘Pichu’ Atienza exquisito en la salida de balón, ayudado por un aún más excelso Kako Sanz -que sin duda se reivindicó el domingo-, la maquinaria de asedio numantina -paradojas de la vida- comenzaba a carburar. Alain Oyarzun, quizás el mejor del partido, dispuso de un par de acciones para poner las tablas en el marcador, sin éxito.

0-1 al descanso mandaban los visitantes

El segundo tiempo no fue muy diferente. Los locales tenían el partido bajo control, atacando continuamente ante un Rayo aún más replegado que antes y con una defensa de 5 muy bien formada.

Sería el mediocentro senegalés Pape Maly Diamanka, quien fuera héroe en la Romareda el año pasado, quien dispondría, por partida doble, de las ocasiones más claras para los rojillos en la segunda parte.

Primero, su disparo, franco, desde el punto de penalti, rebotaría en su compañero Borja Viguera, cuando ya se olía el gol en Los Pajaritos, para marcharse fuera.

Minutos después, Marc Mateu, en una internada por banda izquierda, serviría un pase de la muerte para Alain, que, una vez más, dejaría el balón atrás para que de nuevo Diamanka rematara a placer. Incomprensiblemente, a menos de medio metro de boca de gol y con el portero ya vencido, el balón golpeó su rodilla izquierda y se fue por encima del travesaño. El fallo del año. Clamoroso.

En la siguiente jugada, un error en el control de un hasta entonces impecable Kako Sanz, provocaría que Aitor García, en el 75′, rematara a placer un pase de su tocayo Aitor Ruibal ante la impotencia del meta Juan Carlos. Del 1-1 al 0-2. Cosas del fútbol.

En los últimos compases de partido, con un Numancia completamente volcado, aunque con más corazón que cabeza, otro error del centrocampista tudelano propició otro contraataque, que fue, sin embargo, mal ejecutado por la delantera majariega, privando al conjunto de Antonio Iriondo de dar la estocada definitiva a su rival.

Ya en la última jugada del partido, Fran Villalba, el joven jugador cedido por el Valencia, aprovecharía un barullo formado en el área para poner el definitivo 1-2 en el electrónico. Previamente, el ex jugador de, entre otros, Alavés y Athletic, Borja Viguera, había errado una pena máxima provocada por él mismo tras una gran parada de Basilio.

David Lázaro
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