Aún es pronto, muy pronto, para jugárnosla con los pronósticos. Aún estamos en vilo pensando si este ‘nuevo’ Rayo conseguirá la salvación. Pero lo que está claro es que Paco Jémez ha venido con las ideas bien aprendidas y con las ganas, ambición e ilusión del primer día. Como se suele decir, ¿entrenador nuevo, victoria segura, no? No fue el caso ante un apagado y triste Real Betis. No se consiguieron sacar los tres puntos, aunque de este partido se puede estar orgulloso e incluso tener una ‘rasquilla’ de optimismo por el objetivo.

El cambio fue radical; Pozo y Medrán quisieron regalar a la afición una victoria y al entrenador un rendimiento y un nivel óptimo. Se levantaron en la mañana de domingo sin un chocolate con churros, pero sí con una capa de liderazgo. Por el corto y pequeño Estadio de Vallecas casi no había un sólo hueco por el que no pisaran Bebé y Álvaro García. Los laterales verdiblancos estaban desbordados de trabajo, sobre todo Emerson, que no daba para más. RDT, un día más en la oficina. Dimitrievski fue, generalmente, un espectador más. Tan sólo un ‘globo’ de Joaquín en la primera parte fue lo que le hizo agacharse. Pero, ¡ay Rayo!, nos dejaste boquiabiertos con el esfuerzo y la solidez (nula en todo lo que llevamos de temporada) que hubo atrás, hasta que una serie de imprecisiones en los últimos minutos nos hizo volver a bajar de las nubes. En ese gol de Tello nos estiramos todos juntos con Dimi.

No hay tiempo para lamentaciones, no hay tiempo para parar. Es evidente que estas líneas las he escrito con el corazón en la mano. Aunque a muchos nos duela por Míchel, el cambio parece que es positivo. Jugadores que casi desconocíamos, aprovechan la oportunidad y fueron protagonistas en este capítulo agridulce para el Rayo Vallecano. Ahora toca pensar en Ipurua.

ALEJANDRO RUIZ