Sí, el partido se resume en el titular, al más puro estilo cholo, el unocerismo, y con varias manos importantes que pudieron alterar el resultado.

El conjunto rojiblanco salió buscando la portería rival o, por lo menos, el área rival. Un Lemar muy enchufado, alterando el costado izquierdo, fue lo único que se podía rescatar de los primeros minutos y casi que del partido por parte del Atleti. Tan solo un disparo a puerta por parte del equipo rojiblanco. Y ese disparo a puerta no acabó en gol. Griezmann lo intentó de falta y Masip estuvo atento. Ese gol lo iba a marcar Joaquín (Valladolid) en propia portería.

Cada vez haciendo más uso del unocerismo, con lo justo y encima ya no necesitan ni marcar gol. Y claro, en este unocerismo también aparece una figura muy importante, quizás el mejor jugador del conjunto madrileño. El muro, Jan Oblak realizó dos manos salvadoras para que la victoria se quedase en cada. Pero no solo esas manos lograron retener los tres puntos. Llegando al final del partido, una falta del Valladolid generó la polémica del partido. Y con razón ya que en este caso fueron las manos de Arias las que impidieron puntuar al conjunto pucelano. Aunque más bien que impedirlo, pudo meter en un marrón a su equipo. Lo justo es que fuera así porque fue una mano muy clara que a pesar de verla en el monitor, Melero decidió que no era tanto como para pitar penalti.

Esto hundió al Pucela que hizo un partido muy serio y apenas sufrió en defensa salvo en esos primeros minutos. Es lo cruel de estar en estas últimas posiciones. El más mínimo error te penaliza. Esta vez fue un gol en propia portería y unas manos, las cuales fueron salvadoras para un Atleti muy flojo que con lo justo, justísimo, logró hacerse con los tres puntos y volver al tradicional unocerismo.

ISMAEL ABOLLO