Sin pena ni gloria. Así es como ha pasado el Rayo Vallecano por Primera División en esta temporada 2018/19. Esa estrepitosa derrota (4-1) ante el Levante en el Ciutat de València, deja en la Liga 123 al cuadro madrileño (salvo una debacle del Celta ocurriese). Una patada en mis partes nobles me dolería muchísimo menos que ver la imagen que ha dejado el Rayo en los estadios españoles esta campaña.

Un equipo que hace aguas por todas partes, empezando por arriba y llegando a los que se visten de corto. No se han hecho bien las cosas y eso se ha hecho notar considerablemente; proyecto deportivo nulo, los fichajes a última hora y mal, la poca actitud y sentimiento de algunos futbolistas y el famoso lío del estadio… Todo mal.

Como bien reza el título: crónica de una muerte anunciada. Un descenso lento y doloroso, en el que no se ha competido por conseguir lo contrario. Este equipo es humo, puro humo. El aficionado rayista está acostumbrado a lo mejor y a lo peor con ellos sí, claro que sí, pero no han disfrutado nada y, al menos, a eso sí que estaban acostumbrados. El Rayo poco a poco está perdiendo la identidad, y esto empezó ya desde que se echó a Míchel.

Ya sólo me queda animar y mandarle un abrazo enorme a todos los aficionados franjirrojos que se han dejado la garganta en cada jornada. Sin importar el desplazamiento, el precio de las entradas o la meteorología. Ellos son el Rayo Vallecano. Hola, de nuevo, Segunda División. Espero no tardar mucho en despedirme de ti.

ALEJANDRO RUIZ