Como dijo Séneca: “Desgracia imprevista nos hiere más fuertemente” y eso fue lo que ocurrió anoche, en una nueva noche negra para el barcelonismo, en Anfield. Ya han pasado unas cuántas horas de la hecatombe y aún no sé ni que decir, ni que pensar.

El Barça nos volvió a fallar, pero esta vez duele más ya que veníamos avisados. El Liverpool de Kloop arrolló, pisoteó y superó a un Barça sin carácter, sin aptitud y sin personalidad alguna. Nos la prometíamos felices con este equipo: Que si triplete por aquí, que si triplete por allá… Y entre el alemán, Origi y Wijnaldum nos devolvieron a la cruda realidad. Como ya ocurrió en Roma, nos volvieron a pintar la cara pero ahora en todas unas semifinales de Champions. Inadmisible, intorelable y bochornoso son las palabras que pueden definir el partido de los de Ernesto Valverde en Inglaterra. La imagen que dejamos fue dantesca.

Vivir de Messi da réditos, es una baza importante para el club. De hecho, me atrevo a decir que sin él no hubiéramos ganado cuatro títulos (con la Copa del Rey sin decidir) en esta ‘era Valverde’. Pero es una receta engañosa. Algún día se retirará, ¿y qué será de nosotros? Porque la identidad la estamos perdiendo con un presidente que no apuesta absolutamente nada por ella y con un entrenador que juega a todo menos a lo que nos gusta.

A nivel personal, ya estoy un poco cansado de ganar Ligas y Copas, y creo que ya no valen para ‘salvar’ una temporada. Después de cuatro años de sequía europea y de muchas tristezas como la de hace unas horas ya necesitamos esa ‘Orejona’. Si queremos volver a los orígenes, hay que hacer algo en el menor tiempo posible.

ALEJANDRO RUIZ