Tras una pretemporada prácticamente inmaculada, llegó la hora de la verdad para el Sevilla. Se suele decir que las sensaciones en una pretemporada no son reales, pero con el pitido inicial, el guión fue muy similar al fútbol “de mentira” veraniego. Un equipo muy trabajado, compacto, con personalidad, que consiguió llevarse la victoria ante un Espanyol más rodado.

En una primera mitad seria, aunque no brillante, el Sevilla fue efectivo y se adelantó al borde del descanso, cuando Reguilón empujó el balón tras una jugada embarullada. El lateral izquierdo fue el jugador más destacado del encuentro. Su conexión con Nolito en el carril zurdo, su proyección ofensiva y sus incontables arrancadas lo convierten en una de las piezas importantes para que la idea del equipo fluya.

En la segunda mitad, al Sevilla le tocó sufrir. Supo, sin pasar demasiados apuros, con la defensa sobria de Carriço y Diego Carlos y la excelente labor de Fernando. Terminó finiquitando el encuentro Nolito, en una buena jugada individual que tuvo el gol como premio a la entrega del gaditano (no a su acierto). Un jugador cuya venta parecía segura hace muy poco. Quién lo diría, al igual que quién hubiera dicho hace unos meses, en Praga, donde faltó oficio a raudales, que el Sevilla, si algo tiene, es precisamente eso, oficio, el que afianza una idea. La idea que conforma un bloque y, en definitiva, un equipo que despierta ilusión.

Alejandro Sánchez