El Sevilla tuvo un viernes de contrastes. Su fortuna en el favorable sorteo de grupos en la UEFA Europa League, con Apoel, Qarabag y Dudelange como rivales, no se repitió más tarde en el verde, privándole así de afrontar el parón de selecciones con muy buen sabor de boca.

Porque el 1-1, a pesar de no reflejar lo visto en el encuentro, reflejó la escasez de acierto sevillista en las zonas clave: la defensa y la delantera. Dejando a un lado la actuación de la zaga (brillante tanto en las 2 jornadas anteriores como hoy hasta el tanto del Celta), sí que es cuestionable la del frente de ataque. La madurez del Sevilla hasta llegar a tres cuartos de campo no se traduce ni en los extremos ni el ariete Luuk de Jong, quienes no han sido prácticamente capaces de ser decisivos de cara a portería (únicamente Nolito ante el Espanyol). 17 remates desembocaron en un solo tanto. Y de un centrocampista, Franco Vázquez.

No se trata de una cuestión de suerte, sino de buenos envíos para un remate óptimo de de Jong o de contar con un perfil de “9” más autosuficiente, como alternativa en el once titular o como agitador de partidos (quizás Dabbur, pero de momento se qeda en casa). Es por ello que Monchi debe aparecer en escena, dando una de sus últimas pinceladas al plantel, para dar más gol, el que dictará sentencia, el que hará que su cuadro sea o no una obra de arte.

Alejandro Sánchez