Transcurría un encuentro más en el que al Sevilla se le resistía el gol. Las múltiples ocasiones generadas por los sevillistas eran erradas y la sangre, sudor y lágrimas derramadas seguían sin encontrar recompensa alguna. Sin embargo, parecía escrito que el destino sonreiría esta vez a los nervionenses… Que Luuk de Jong dictaría sentencia.

Tras haber dado la victoria a la selección holandesa durante el parón, se encargó de hacer lo propio con su club. Salió desde el banquillo por primera vez en 9 jornadas y en su primer balón dispuso de una de las ocasiones más claras del encuentro, que terminó por encima del guardameta levantinista Aitor Fernández en un remate forzado. Sin embargo, la maldición del holandés terminaría rompiéndose en el minuto 86, cuando logró rematar de forma poco ortodoxa un centro exquisito de Jesús Navas.

El Sevilla ganó, con pleno merecimiento. Pudo hacerlo sin demasiados apuros, pero por motivos ya de sobra conocidos tuvieron que tirar del carro una afición entregada a los suyos y un incombustible Jesús Navas, que no cesó en su empuje hasta lograr el premio del gol.

Un tanto tremendamente aliviador para un plantel que vuelve a respirar, pero que lo haría de forma más holgada si los delanteros se sumaran, como deben, a la causa. Luuk de Jong ha sido, a pesar de todo, el primero en hacerlo. Si antes de dar 3 puntos a su equipo ya era titular, ahora posiblemente lo sea más. Porque, gracias a él, el Sevilla suma 16 puntos. Gracias a él, quién lo diría.

Alejandro Sánchez