Con la mente puesta en crear una dinámica ascendente tras la victoria ante la Real Sociedad, David Aznar volvió a apostar por un equipo en el que no hay sitio para Kosovare Asllani, galardonada hace unas semanas como mejor delantera de Suecia. Costando como le cuesta al equipo crear ocasiones y hacer goles, dejar a una delantera de la clase de Asllani calentando banquillo es ciertamente atrevido… como se demostraría luego en el campo.

La primera mitad ante el Granadilla Tenerife no tuvo mucha historia y, como era de esperar, las ocasiones brillaron por su ausencia. En su condición de local, las tinerfeñas apretaron algo más que el Tacón, ejerciendo una presión que impedía a las madrileñas jugar sacando el balón desde atrás. Poco más. Sofia Jakobsson o Jessica Martínez apenas entraban en juego y Ana Valles se mostraba un tanto imprecisa en los despejes. Por suerte para las taconeras, al Granadilla tampoco se le veía cómodo en el campo.

La charla de vestuario dio empuje al Granadilla, dispuesto a dar un paso al frente que se vio refrendado muy pronto gracias a Natalia Ramos. La internacional española adelantó al conjunto entrenado por David Amaral de córner a los cinco minutos de la reanudación. Un gol olímpico que despertó a ambas escuadras del excesivo respeto visto en la primera parte.

Igualada hasta el final

Con el tiempo jugando ya en contra David Aznar decidió mover el banquillo, utilizando los cuatro cambios disponibles. Las novedades le dieron resultado relativo, pues la primera jugada en la que intervino Asllani supuso la igualada taconera. A pase de Chioma, la sueca controló y asistió a Jakobsson para poner el empate a uno en la pizarra cuando el crono marcaba el minuto 68.

El encuentro se animó en intenciones, pero las ocasiones de peligro seguían sin llegar. Ninguna de las escuadras fue capaz de desequilibrar la balanza a su favor, dando como resultado final un 1-1 que sirve de poco a Aznar y Amaral, ambos cada vez más discutidos. Un reparto de puntos justo en un partido atascado, con más espíritu en la segunda mitad, pero sin concretarse en ocasiones. Un punto que suma, pero no aleja la sensación de necesidad en la que está instalado el Tacón.